domingo, 6 de octubre de 2013


El Estrés: Bases Psicofisiológicas 

Clásicamente el estrés se define como un estímulo puntual, agresivo o no, percibido como amenazante para la homeostasis.  Selye (1955)2 habla de reacción de alarma. El estrés activa un conjunto de reacciones que implican respuestas conductuales y fisiológicas (neuronales, metabólicas y neuroendocrinas) que permiten al organismo responder al estresor de la manera más adaptada posible.

El estrés se produce como consecuencia de un desequilibrio entre las demandas ambientales, tomando tanto en cuenta los estresores externos como internos, y los recursos disponibles del sujeto (Lazarus y Folkman, 1986).
De esta manera, en el momento de valorar una situación posiblemente estresante, no podemos medir su efecto a partir de la reacción que tiene un determinado sujeto, tanto si ésta es negativa con reacciones patológicas, como sí es positiva y se enfrenta a él con éxito, ya que desconocemos los recursos de afrontamiento que posee. El efecto de un potencial ’estresor’ siempre deberá valorarse a partir de las respuestas obtenidas de un significativo grupo de individuos sometidos al mismo.


Actualmente, además de considerarse estas concepciones de estrés donde se hace énfasis en factores bien del medio o bien del organismo, hay un interés por el estudio de los significados para el individuo. De esta línea surge el enfoque transaccional sobre el estrés (Lazarus y Folkman, 1984), en el que éste es fruto de una acción primera de evaluación del sujeto sobre los acontecimientos que ocurren en el medio y, segundo, de una evaluación de los recursos de dicho sujeto ante la situación que se evalúa como amenazadora. Es decir: “el estrés viene determinado por un proceso continuo de evaluación entre los recursos del individuo (las estrategias y herramientas que el individuo cree poseer para afrontar dichas demandas) y las demandas del medio ambiente”. Consecuentemente, si en este proceso de interacción las demandas superan a los recursos percibidos por la persona, la respuesta de estrés aparecerá.

Tres puntos de vista distintos, tal como propone González de Rivera (1989), que define tres factores:


  • Internos de estrés: Se engloban dentro de estos factores los concernientes a las respuestas del individuo. Un ejemplo de este tipo de factor lo constituye el denominado índice de Reactividad al Estrés, que se define por “el conjunto de pautas habituales de respuesta cognitiva, emocional, vegetativa y conductual ante situaciones percibidas como potencialmente nocivas, peligrosas y desagradables” (González de Rivera. 1981).

  • Externos de estrés: Hacen referencia a los estresores medioambientales que pueden sobrecargar los mecanismos de defensa y regulación homeostática del individuo. Un ejemplo característico de estos factores lo constituye el índice de sucesos vitales caracterizado a partir de la Escala de Sucesos Vitales de Holmes y Rahe (1961).

  • Moduladores de estrés: Están constituidos por variables tanto del medio ambiente como del individuo que no estén en relación con la respuesta de estrés, pero que actúan condicionando, modulando o modificando la interacción entre factores externos y factores internos de estrés. Dentro de estos factores moduladores, se pueden señalar a variables como el apoyo social, determinados estados afectivos y variables de personalidad, tal como el ‘locusde control’.

La Asociación Americana de Psicología (APA) distingue los siguientes tipos de estrés:


  • Estrés agudo: El estrés agudo es la forma de estrés más común. Surge de las exigencias y presiones del pasado reciente y las exigencias y presiones anticipadas del futuro cercano. El estrés agudo es emocionante y fascinante en pequeñas dosis, pero cuando es demasiado resulta agotador. Dado que es a corto plazo, el estrés agudo no tiene tiempo suficiente para causar los daños importantes asociados con el estrés a largo plazo. Los síntomas más comunes son: Agonía emocional: una combinación de enojo o irritabilidad, ansiedad y depresión, las tres emociones del estrés. Problemas musculares que incluyen dolores de cabeza tensos, dolor de espalda, dolor en la mandíbula y las tensiones musculares que derivan en desgarro muscular y problemas en tendones y ligamentos; Problemas estomacales e intestinales como acidez, flatulencia, diarrea, estreñimiento y síndrome de intestino irritable; Sobreexcitación pasajera que deriva en elevación de la presión sanguínea, ritmo cardíaco acelerado, transpiración de las palmas de las manos, palpitaciones, mareos, migrañas, manos o pies fríos, dificultad para respirar, y dolor en el pecho. El estrés agudo puede presentarse en la vida de cualquiera, y es muy tratable y manejable.
  • Estrés agudo episódico: Por otra parte, están aquellas personas que tienen estrés agudo con frecuencia, cuyas vidas son tan desordenadas que son estudios de caos y crisis. Siempre están apuradas, pero siempre llegan tarde. Si algo puede salir mal, les sale mal. Asumen muchas responsabilidades, tienen demasiadas cosas entre manos y no pueden organizar la cantidad de exigencias autoimpuestas ni las presiones que reclaman su atención. Parecen estar perpetuamente en las garras del estrés agudo. Es común que las personas con reacciones de estrés agudo estén demasiado agitadas, tengan mal carácter, sean irritables, ansiosas y estén tensas. Suelen describirse como personas con "mucha energía nerviosa". Siempre apuradas, tienden a ser cortantes y a veces su irritabilidad se transmite como hostilidad. Las relaciones interpersonales se deterioran con rapidez cuando otros responden con hostilidad real. El trabajo se vuelve un lugar muy estresante para ellas.
  • Estrés crónico: Si bien el estrés agudo puede ser emocionante y fascinante, el estrés crónico no lo es. Este es el estrés agotador que desgasta a las personas día tras día, año tras año. El estrés crónico destruye al cuerpo, la mente y la vida. Hace estragos mediante el desgaste a largo plazo. Es el estrés de la pobreza, las familias disfuncionales, de verse atrapados en un matrimonio infeliz o en un empleo o carrera que se detesta. El estrés crónico surge cuando una persona nunca ve una salida a una situación deprimente. Es el estrés de las exigencias y presiones implacables durante períodos aparentemente interminables. Sin esperanzas, la persona abandona la búsqueda de soluciones.
Fisiología del Estrés

Se pueden recordar brevemente algunos aspectos fisiológicos del tratamiento del estrés y del síndrome general de adaptación, ya que además se trata de nociones clásicas.

El análisis del estresor se descompone en tres fases:


  • Recepción del estresor y filtro de las informaciones sensoriales por el tálamo.
  • Luego, programación de la reacción al estrés poniendo en juego el cortex prefrontal (implicado en la toma de decisión, la atención, la memoria a corto plazo) y el sistema límbico por un análisis comparativo entre la nueva situación y los recuerdos: la respuesta se hará en función de la experiencia.
  • Finalmente, activación de la respuesta del organismo (vía la amígdala [memoria emocional] y el hipocampo [memoria explícita]. Esta respuesta pone en juego el complejo hipotálamo-hipofisiario, así como la formación reticular y el locus coeruleus.

El síndrome general de adaptación se descompone también en tres fases:


  • La primera es la fase de alerta: En reacción a un estresor, el hipotálamo estimula las suprarrenales (en su parte medular) para secretar la adrenalina, cuyo objetivo es suministrar la energía en caso de urgencia. Habrá entonces una serie de respuestas del organismo como un aumento de la frecuencia cardíaca, una vasodilatación, un aumento de la vigilancia (puesta en juego también por la noradrenalina [NA]).
  • La segunda fase es la fase defensa (o resistencia): Se activa solamente si el estrés se mantiene. Las suprarrenales (en la zona fasciculada) van a secretar entonces un segundo tipo de hormona, el cortisol. Su papel, es esta vez, el de mantener constante el nivel de glucosa sanguínea para nutrir los músculos, el corazón, el cerebro. Por una parte, la adrenalina suministra la energía de urgencia; por otra, el cortisol asegura la renovación de las reservas. Es una fase de resistencia, el organismo debe " aguantar”.
  • La fase de agotamiento (o de relajamiento): Se instala si la situación persiste y se acompaña de una alteración hormonal crónica (con consecuencias orgánicas y psiquiátricas). Si la situación persiste todavía más, es posible que el organismo se encuentre desbordado, inclusive agotado. Poco a poco las hormonas secretadas son menos eficaces y comienzan a acumularse en la circulación. Resultado: el organismo está invadido de hormonas que tendrán un impacto negativo sobre la salud.

Síntomas de estrés

Las señales más frecuentes de estrés son:


  • Emociones: ansiedad, irritabilidad, miedo, fluctuación del ánimo, confusión o turbación.
  • Pensamientos: excesiva autocrítica, dificultad para concentrarse y tomar decisiones, olvidos, preocupación por el futuro, pensamientos repetitivos, excesivo temor al fracaso.
  • Conductas: tartamudez u otras dificultades del habla, llantos, reacciones impulsivas, risa nerviosa, trato brusco a los demás, rechinar los dientes o apretar las mandíbulas; aumento del consumo de tabaco, alcohol y otras drogas; mayor predisposición a accidentes;  aumento o disminución del apetito.
  • Cambios físicos: músculos contraídos, manos frías o sudorosas, dolor de cabeza, problemas de espalda o cuello, perturbaciones del sueño, malestar estomacal, gripes e infecciones, fatiga, respiración agitada o palpitaciones, temblores, boca seca.
El Proceso de Apreciación en la Generación de Estrés 

"El estrés y la tensión surgen de las interacciones que se dan entre unas percepciones del individuo sobre el entorno, la personalidad, la amenaza experimentada y la conducta como respuesta a la amenaza" (Fineman, 1979).

En varios estudios se ha constatado la extraordinaria importancia que adquieren la percepción, la interpretación y la evaluación en la generación del estrés. Estos mecanismos de apreciación favorecen un determinado tipo de razonamiento que lleva asociada la correspondiente alteración emocional.

La percepciónes una compleja función psíquica que elabora los datos sensoriales llegados a la conciencia por medio de los sentidos. Sin embargo, aquí cuando hablamos de percepción lo hacemos en un sentido más amplio. No solamente hace referencia a la percepción que el sujeto tiene del medio a partir de datos sensoriales, sino también la percepción que tiene el sujeto de sí mismo (de sus capacidades, deseos). En cualquier caso, la percepción está influenciada por una serie de factores ligados a la historia personal del sujeto (experiencia, formación, sensibilidad, características de la personalidad, etc.).
Estos aspectos de carácter emocional afectan al contenido percibido que asimilamos, son los estilos cognitivos. Éstos arraigan en el sujeto de forma muy consistente y a partir de ellos se explica en gran medida las diferencias en la forma de apreciar la realidad entre sujetos que están en una misma situación.
Existe además una forma de apreciación anticipatoria o prospectiva sobre las posibles consecuencias de nuestras conductas y en general sobre nuestro porvenir, que también va a influir en la forma en la que el sujeto va a apreciar la realidad actual.
El proceso de apreciación a partir de la información obtenida en la relación establecida entre las demandas-ofertas del entorno y las características-demandas de la persona, pueden ofrecer una valoración positiva (situación motivadora, estrés, ajuste, equilibrio) o una valoración negativa (emoción dolorosa, distrés, desequilibrio) de esa situación y orienta al individuo a elaborar las respuestas específicas que le permita enfrentarse a ella.









Enlaces:

http://www.apa.org/centrodeapoyo/tipos.aspx

No hay comentarios:

Publicar un comentario