REACCIONES PSICOLÓGICAS EN
ADULTOS Y ADULTOS MAYORES EN
EMERGENCIA Y DESASTRE
ADULTOS
Todo
desastre representa un acontecimiento en la vida que se traduce en
desequilibrio y evidente crisis que amenaza la integridad biopsicosocial del individuo
y, por consiguiente, de la comunidad.
Vivir
significa experimentar situaciones de estrés (separaciones, perdidas, fracasos
etc.) y cada individuo presenta cierto grado de adaptación y cierto número de defensas
psicológicas que le permiten tener a salvo su cotidianidad y actuar atenuando o
enfrentado las situaciones de crisis que se le presenten.
Cuando se
rompe abruptamente la cotidianidad se afecta la estabilidad y balance biopsicosocial,
la satisfacción de las necesidades básica que hacen de colchón de seguridad
para cada individuo, se resquebraja o falla, afectando con ello la seguridad
para el individuo, en razón de las perdidas físicas, afectivas, de trabajo,
vivencia, sistema de recreación e integridad sociocultural.
Reacciones No Patológicas ante Eventos Traumáticos
en Personas Adultas
Ante
una situación anormal como los desastres ciertos sentimientos y reacciones son frecuentes.
Puede ser que algunas de esas emociones no se hayan experimentado
anteriormente, cada persona es diferente y puede responder de distinta manera
en ciertos momentos. También es claro que la exposición a eventos traumáticos
debe producir un mayor nivel de tensión y angustia en las personas, así como
que el recuerdo de lo sucedido será parte de la vida de las víctimas y no se
borrará de su memoria. Pero se ha demostrado que sólo algunos sujetos
experimentarán problemas más serios o duraderos que podrán calificarse.
Las
personas expuestas a situaciones tales como daño físico, haber quedado atrapado,
haber observado la destrucción en la comunidad, ser arrastrado por corrientes
de agua, ser testigo de muertes, sufrir grandes pérdidas, etc., pueden experimentar
sentimientos, ideas y sensaciones corporales como miedo, angustia, pena,
aflicción, tristeza, desesperanza, etc.
En el
caso de las catástrofes, el miedo no es tanto un clima emocional, cuanto una
reacción colectiva episódica, pero la gente tiene que aprender a manejarla.
Además, la probabilidad que el hecho se repita, generalmente, produce más temor
en los sobrevivientes como psicopatología. La gran mayoría no sufre en ese
momento de ninguna enfermedad mental, sólo están experimentando reacciones
esperadas ante un suceso vital significativo.
Cada
persona vive y le da un significado diferente a las experiencias por la que ha
atravesado. Patrones sociales y
culturales determinan que los hombres y mujeres reaccionen de manera diferente;
los hombres tienden a reprimir y guardar las emociones dolorosas así como
sus sentimientos de angustia y miedo, les resulta difícil hablar y hacerlo lo
interpretan como una debilidad; las mujeres tienden a
comunicarse más fácilmente, a expresar sus temores y ansiedades, así como
buscar apoyo y comprensión para sí misma y sus hijos.
Es necesario que las experiencias traumáticas, así como las pérdidas y el
duelo adquieran diferentes formas de expresión, según la cultura. Los conceptos
predominantes sobre la vida y la muerte y la ejecución de los ritos de
despedida de los seres queridos adquieren relevancia en los procesos de
aceptación y reelaboración de lo sucedido.
Las
manifestaciones que describimos pueden ser solo la expresión de una respuesta comprensible
ante las experiencias traumáticas vividas, pero también pueden ser indicadores
de que se está pasando hacia una condición patológica. La valoración debe
hacerse en el contexto de los hechos y las vivencias, determinando si se pueden
interpretar como respuestas "normales o esperadas" o por el
contrario, pueden identificarse como manifestaciones psicopatológicas que
requieren un abordaje profesional.
Algunos criterios para determinar que una expresión emocional se está convirtiendo
en sintomática son:
- Prolongación en el tiempo.
- Sufrimiento intenso.
- Complicaciones asociadas (ejemplo, una conducta suicida).
- Afectación del funcionamiento social y cotidiano de la persona.
- Nerviosismo o ansiedad.
- Tristeza y/o llanto.
- Culpabilidad por haber sobrevivido.
- Ideas de suicidio.
- Fatiga.
- Problemas para dormir o descansar.
- Confusión para pensar y/o problemas de concentración.
- Problemas de memoria.
- Disminución de la higiene personal.
- Cambio en los hábitos alimenticios.
- Pérdida de confianza en uno mismo.
- Recuerdos muy vivos del evento.
- Culpar a los demás.
- Frustración.
- Desorientación en tiempo o lugar.
- Sentimiento de impotencia.
- Uso excesivo de alcohol y/o drogas.
- Problemas en el trabajo y/o familia.
- Enojo y/o irritabilidad.
- Inseguridad.
- Necesidad de estar solo.
- Crisis de miedo o pánico.
- Disminución en la resistencia física.
- Dificultades para retornar al nivel normal de actividad.
- Sentirse aislado o abandonado.
- Sentirse frío emocionalmente.
- Sentirse abrumado.
- Intensa preocupación por otros.
- Náuseas.
- Dolores de pecho o cabeza.
- Temblores musculares.
- Dificultad para respirar.
- Palpitaciones o taquicardia.
- Aumento de la presión sanguínea.
Principales Reacciones Psicológicas
En el
caso de desastres, el impacto emocional esperable varía con el transcurso del
tiempo, pero suele ser muy acentuado y sobrepasar la capacidad de control de
los individuos en los primeros momentos después del evento.
El
siguiente cuadro ayuda a recordar cuáles son los cambios psicológicos esperables
y cuáles son las intervenciones psicológicas y sociales destinadas a la más
pronta recuperación y, eventualmente, a la detección precoz y el manejo básico
de trastornos mentales.
A partir de los tres meses
En condiciones normales, se debe esperar una
reducción progresiva de las manifestaciones anteriormente descritas. Por ejemplo,
una tristeza que se va aliviando y que sólo reaparece temporalmente en los aniversarios
o fechas especiales. Sin embargo, pueden
existir señales de riesgo como:
- Duelos que no se superen;
- Riesgo de suicidio;
- Síntomas tardíos: fatiga crónica, inhabilidad para trabajar, apatía, dificultad para pensar claramente, síntomas gastrointestinales vagos, y
- Síntomas de estrés postraumático.
Trastornos Psíquicos Más Frecuentes
En
situaciones de emergencias, las patologías psíquicas más observadas son de tipo
depresivo y de ansiedad, así como los trastornos por estrés agudo y por estrés
postraumático.
Trastornos depresivos y/o de ansiedad
Manifestaciones clínicas:
El paciente presenta una gran variedad de síntomas psíquicos o físicos relacionados con la angustia, frustración y tristeza. En ocasiones, el cuadro se manifiesta en forma de un ataque o crisis aguda, que requiere una atención de emergencia.
Las expresiones más frecuentes son:
- Estado de ánimo bajo o tristeza.
- Pérdida de interés o de capacidad de disfrutar.
- Ansiedad, tensión o nerviosismo.
- Intranquilidad.
- Preocupaciones constantes.
- Temblores.
- Trastornos del sueño.
- Astenia o fatiga y pérdida de energía.
- Falta de concentración.
- Trastornos del apetito.
- Ideas o actos suicidas.
- Pérdida o disminución del deseo sexual.
- Mareos.
- Sequedad de boca.
Trastorno por estrés agudo
Es un
cuadro de carácter agudo que aparece como consecuencia de la exposición al evento
traumático. De acuerdo al nivel de intensidad y presencia de síntomas se
clasifica en ligero, moderado o grave. Las manifestaciones clínicas aparecen
dentro del plazo de una hora posterior al psicotrauma y deben desaparecer o
aliviarse en un término no mayor a 48 horas.
Manifestaciones clínicas:
- Manifestaciones de ansiedad generalizada que incluye tensión, angustia, dificultad para la concentración, intranquilidad y algunos síntomas físicos.
- Desesperanza o frustración.
- Tristeza o manifestación de duelo excesivo e incontrolable.
- Aislamiento social.
- Irritabilidad.
- Puede aparecer desorientación o estrechamiento de la conciencia.
Conducta o ideación suicida
La
conducta suicida, como consecuencia de situaciones de desastres (en la fase
crítica), no resulta tan frecuente; sin embargo, se observa un incremento de la
ideación suicida, en relación con los sentimientos de culpa del sobreviviente y
en casos de experiencias traumáticas extremas. La predicción de los actos
suicidas, al igual que otras conductas humanas, no resulta una tarea fácil; la
evaluación del riesgo es compleja.
Factores o condiciones que incrementan el riesgo suicida:
- Ideación suicida intensa y persistente.
- Intentos suicidas previos.
- Existencia previa de trastornos psíquicos, en especial depresión intensa y persistente.
- Alto grado de exposición al evento traumático o haber sufrido pérdidas de gran magnitud.
Trastornos disociativos o de conversión
Manifestaciones clínicas:
- La presentación suele ser súbita y está relacionada con la situación y las circunstancias vividas.
- El paciente presenta síntomas físicos poco frecuentes que no tienen causa biológica aparente, tales como ataques epileptiformes, excitación, agitación, amnesia, estado de trance o pérdida de conciencia, anestesia, trastornos visuales, parálisis, afonía, confusión de identidad, estados de posesión, etc.
- Los síntomas pueden ser dramáticos, aparentemente inusuales y variables. Habitualmente, desaparecen rápido y sin dejar secuela.
Trastorno psicótico agudo
En los
desastres naturales y otras emergencias no se ha demostrado que exista un aumento
en la incidencia de psicosis, aunque como consecuencia de experiencias
traumáticas intensas pueden presentarse ocasionalmente cuadros agudos de corta
evolución o descompensaciones de enfermos preexistentes. También debe
descartarse una causa orgánica, pues en esas circunstancias la persona puede
haber recibido un trauma o padecer una enfermedad infecciosa o tóxica. Las
psicosis de larga evolución como la esquizofrenia solo aparecen como
descompensaciones en sujetos que ya estaban enfermos con anterioridad. No
obstante, debemos estar preparados para atender aquellos pacientes que puedan
identificarse y/o demandar asistencia.
Las
psicosis se corresponden, aproximadamente, con los cuadros que, en el lenguaje popular,
se conocen como "locura".
Sus manifestaciones clínicas son:
- Alucinaciones (oír voces, sentir o ver cosas de origen desconocido).
- Ideas delirantes (ideas o creencias extrañas o irreales).
- Confusión.
- Temor y/o desconfianza.
- Actividad excesiva y/o comportamiento extravagante.
- Retraimiento.
- Lenguaje desorganizado o anormal.
- Respuestas emocionales exageradas e inestabilidad emocional.
Trastorno por estrés postraumático
Para
algunos autores el trastorno de estrés postraumático es el diagnóstico más
frecuente en situaciones de conflictos armados y desastres. Es un cuadro que
surge después de sucesos angustiosos de naturaleza excepcionalmente peligrosa.
Su prevalencia general en la población se ha estimado en un 0,37%. Sin embargo,
también se ha cuestionado este diagnóstico por considerarlo típico de
determinadas culturas y por formularse con demasiada frecuencia; de hecho se ha
argumentado que es una categoría diagnóstica inventada sobre la base de necesidades
sociopolíticas (Summerfield, 2001) (27). Independiente de estos señalamientos,
no cabe duda sobre la presencia de estos cuadros (en diferentes modalidades) en
períodos posteriores a la emergencia propiamente dicha.
Es un
trastorno que aparece en el periodo de seis meses o más, posterior a sufrir un evento
traumático muy significativo e impactante para la persona. Los criterios para
el diagnóstico incluyen la duración de cuatro semanas o más de los siguientes síntomas:
- Recuerdo continuado o re-experimentación del evento traumático: rememoraciones vívidas, sueños recurrentes o sensación de malestar al enfrentar circunstancias parecidas.
- Evasión de situaciones similares o relacionadas con el evento traumático: esfuerzos para evadir pensamientos, gente, lugares y cosas que le recuerden lo sucedido.
- No recordar total o parcialmente el evento traumático.
- Síntomas persistentes de sobreexcitación psicológica: insomnio, sueños desagradables, irritabilidad, explosiones de enojo, dificultades en la concentración, nerviosismo, sobresaltos, miedo e inseguridad.
Otras manifestaciones como:
disminución de interés en actividades que antes le atraían, aislamiento, se
siente frío emocionalmente o deprimido, culpabilidad por haber sobrevivido,
problemas en la escuela, con la familia o en el trabajo, abuso de alcohol o
drogas e ideas de suicido.
Consideraciones Generales Sobre la Atención Clínica
a los Trastornos Psíquicos
En
situaciones de emergencia es importante movilizar, de manera inmediata, los
recursos especializados disponibles en el sector salud a los diferentes niveles
(psiquiatras, psicólogos, trabajadoras sociales y enfermeras especializadas).
Es recomendable disponer de un equipo de personal especializado a nivel central
para movilizarlo a cualquier lugar del territorio nacional que se requiera.
También pueden organizarse equipos móviles en diferentes puntos del país,
priorizando aquellos lugares donde no se disponga de atención especializada.
PROTECCIÓN DE LA
SALUD MENTAL EN SITUACIONES DE DESASTRES Y EMERGENCIAS.
Simultáneamente,
es necesario que el Ministerio de Salud coordine con otras organizaciones e
instituciones (ONGs., universidades, etc.) para que el personal especializado y
los estudiantes universitarios participen, de manera concertada, en las tareas
de atención y recuperación psicosocial.
Los
diferentes niveles del sistema de salud deben garantizar la atención a la
problemática que se presenta en la emergencia. También debe asegurarse que su
personal esté preparado para manejar la situación y complicaciones
psicosociales que aparecen. Es necesario mantener comunicación sistemática
entre estas instancias y los servicios especializados, establecer o fortalecer
los mecanismos de referencias y contra referencias de casos.
Deben
evitarse las etiquetas diagnósticas, recordando que muchas de las
manifestaciones hay que entenderlas en un contexto psicosocial más que como un
proceso patológico. Así mismo restringir, al mínimo posible, el uso de
medicamentos; sólo se recomienda tratar con psicofármacos a las personas que
persistan con sintomatología psíquica intensa y/o prolongada y que,
posiblemente, requerirán una atención especializada.
Reducir
la hospitalización sólo a los casos estrictamente necesarios y por el menor
tiempo posible. De ser necesaria la hospitalización, se recomienda que se
realice en hospitales generales para no desarraigar a los enfermos de su medio
habitual, evitando la cronificación y estigmatización, lograr una mejor y más
pronta rehabilitación.
Entre los portadores de trastornos psíquicos encontramos los
siguientes grupos:
- Los que han sido pacientes psiquiátricos cuya situación puede agravarse en la catástrofe.
- Los que tienen condiciones vulnerables de riesgo previo al desastre.
- Los que sufren cuadros reactivos secundarios al desastre.
- Los que tienen una respuesta tardía, con manifestaciones diversas.
- Los tipos de intervención se espera que sean individuales, familiares, grupales y sociales.
- El trabajo en grupos tiene grandes ventajas, por lo que el personal especializado debe estar preparado para su organización y manejo.
Consideraciones para las Personas Mayores
En
algunos aspectos, luego de una catástrofe los adultos mayores pueden
experimentar menos efectos psicológicos por estrés que los adultos de menor
edad. Según experiencias pasadas, algunos adultos mayores pueden estar mejor
preparados y poseer mejores habilidades para lidiar con una catástrofe.
Sin
embargo, aunque los adultos mayores muchas veces poseen la adaptabilidad y
experiencia para pasar la catástrofe, la tensión física puede pagarse muy caro.
Cuando una catástrofe golpea, los adultos mayores son los más expuestos a
riesgos de enfermedades y hasta de muerte. Los ancianos frágiles o aquéllos con
limitaciones psiquiátricas o médicas son especialmente vulnerables al estrés
que causan las catástrofes.
La
pérdida de posesiones valiosas, de los medios para moverse, de las propiedades
como una casa y hasta de la normalidad de la vida diaria puede resultar
devastadora.
Los
mayores son más propensos que las personas más jóvenes a necesitar apoyo social
para reducir los efectos del estrés y para acentuar el bienestar emocional y la
recuperación. Es importante entender que algunos adultos mayores pueden estar
enfrentando la pérdida de seres queridos, más la pérdida de capacidades físicas
y posiblemente su independencia.
Planificaciones Especiales
Los
adultos mayores que necesitan preparaciones especiales y planificación de respuesta
temprana son aquéllos:
- De edad avanzada, o frágiles.
- Que poseen impedimentos cognitivos (por ejemplo demencia).
- Que se encuentran afectados por una enfermedad mental o una discapacidad crónica debido a una enfermedad mental (p.ej. esquizofrenia, ansiedad, depresión).
- De salud física deteriorada, afectados por una condición médica complicada o movilidad reducida.
- Que sufren impedimentos sensoriales (deterioro de la visión o audición)
- Que no poseen familiares o cuidadores cercanos o apoyo social local.
Tipo de Ayuda Pueden Brindar los Adultos Mayores
Durante
una catástrofe, no todos los adultos mayores caen en la categoría de los que
necesitan ayuda, y muchos pueden proveer tan necesitada asistencia. Muchos
adultos mayores ya ofrecen su tiempo y experiencia como voluntarios, y muchos
ya están familiarizados con los recursos de su comunidad.
Síntomas Físicos, Comportamentales y Emocionales
- Retraimiento.
- Apatía (falta de emoción o interés).
- Agitación.
- Enojo.
- Irritabilidad.
- Recelo.
- Desorientación.
- Confusión.
- Pérdida de la memoria.
- Deterioro físico acelerado.
- Aumento de síntomas físicos que parecen no tener razones médicas.
- Estrés por mudanza (la angustia y desorientación que produce ser evacuado).
- Trastornos del sueño.
- Sentimientos de aislamiento de familiares y patrones conocidos de la vida.
- Regresiones (funcionamiento en un nivel menor al que corresponde, o comportamientos infantiles como succionar un dedo).
- Desespero por las pérdidas.
- Rechazo a abandonar el hogar.
- Miedo de ser institucionalizado.
- Problemas para ajustarse a la reubicación.
- Ansiedad en los ambientes que no le son familiares.
- Limitaciones en la movilidad.
- Síntomas somáticos.
Consideraciones para Personas Mayores que
Sufren Impedimentos Cognitivos
Sufren Impedimentos Cognitivos
Durante
una crisis, algunos adultos mayores son vulnerables a impedimentos cognitivos:
la habilidad para pensar, recordar y tomar decisiones.
En
aquellos que ya sufren impedimentos cognitivos aún el menor estrés puede causar
problemas. Disrupciones de la rutina diaria pueden desorientar a una persona
con demencia que se encuentra estable bajo condiciones normales. Los mayores
con impedimentos cognitivos que se sobre estimulan en una situación nueva o que
no tienen todas sus necesidades cubiertas pueden sufrir un brote emocional o
temperametal.
Las
crisis pueden abrumarlos o crear estrés porque la situación está fuera del
entendimiento o el control de la persona. Durante o después de una catástrofe,
los cuidadores de las personas con impedimentos cognitivos pueden no estar
disponibles para brindar apoyo y cuidados, y el riesgo de que se extravíe
deambulando aumenta si la persona se irrita, agita o se enfrenta a una
situación de estrés.
Aumenta la Vulnerabilidad Cuando
Algunos
factores que pueden incrementar el riesgo de enfermedad en adultos mayores
frente a una catástrofe
- Problemas de visión o audición contribuyen a la ocurrencia de lesiones en entornos desconocidos o al intentar sortear peligros.
- Discapacidades físicas y limitaciones en la movilidad (como el uso de una silla de ruedas) pueden causar tardanzas o evitar una evacuación de emergencia.
- Los adultos mayores son vulnerables a la hipotermia (temperatura corporal por debajo de lo normal) e hipertermia (fiebre excepcionalmente alta) frente a temperaturas extremas
- Imposibilidad de acceder a los medicamentos prescriptos o tratamientos, como diálisis y quimioterapia.
- La ausencia de miembros de su familia u otras personas de apoyo en su casa.
- Barreras para recibir ayuda financiera en catástrofes, por ejemplo procedimientos complejos y renuencia a pedir ayuda.
- Una mudanza forzada puede causar estrés grave en mayores frágiles, acelerando su deterioro o muerte.
- En general, aquellos que necesitan asistencia en sus actividades de la vida diaria (p.ej. caminar, ducharse, comer, tomar medicinas) son más vulnerables a lesiones o enfermedades durante o después de una catástrofe.
- Aquellos en mayor riesgo de sufrir consecuencias psiquiátricas negativas y de necesitar planificaciones especiales de respuesta incluyen los mayores con impedimentos cognitivos, con un historial de enfermedad mental grave o discapacidad crónica debido a una enfermedad mental, y aquellos cuya salud física está deteriorada.
La Intervención Psicológica Individual
La
intervención psicológica individual (en personas adultas) es uno de los componentes
de la atención psicosocial; pero, lo esencial es que no se puede visualizar
como un trabajo aislado. El éxito de la asistencia psicológica individual depende,
en gran medida, de que se ofrezca en el marco de la ayuda humanitaria, así como
de un conjunto de intervenciones psicosociales, la mayoría de tipo grupal.
Si bien
en situaciones de desastres el eje de las intervenciones psicosociales debe ser
grupal, en un número importante de casos es necesario prestar, también,
atenciones individuales, para profundizar en la asistencia de quienes parecen
requerirlo así (detección de riesgos, mejor evaluación y ayuda de personas
sintomáticas en precario equilibrio o con acentuada vulnerabilidad, y detección
de enfermos).
Objetivos de las intervenciones psicológicas individuales
- Ayudar a la víctima o persona afectada a enfrentarse y entender su nueva realidad, y a comprender la naturaleza y el significado de sus reacciones (psicológicas y somáticas).
- Favorecer la expresión de emociones y la elaboración del duelo.
- Brindar apoyo emocional, aliviando la aflicción y el sufrimiento.
- Reforzar la autoestima.
- Detectar y tratar, o remitir los enfermos.
Premisas fundamentales de la intervención psicológica
- Debe estar acorde con las diferentes fases del desastre, recordando que existen “tiempos individuales y culturales” en las comunidades.
- Adecuarse al contexto social y cultural implica el reconocimiento, la comprensión y el aprovechamiento de las tradiciones y las fortalezas históricas de las comunidades.
- Debe asumirse que los sobrevivientes muestran reacciones emocionales que pueden ser exageradas pero que, en principio, son normales por haber sido anormalmente vulnerados.
- Apoyarse en las fortalezas de los sobrevivientes.
- Tener propósitos lógicos y acordes con las necesidades reales de las personas afectadas.
- Focalizarse especialmente en los más vulnerables, no sólo en los que en teoría lo son (menores, ancianos, discapacitados, etc.) sino, también, en aquéllos que en la práctica se detectan como tales.
- Las intervenciones psicológicas se desarrollan por diferentes instancias y actores, e están integradas a lo cotidiano (no como “una receta o un tratamiento”). Deben llevarse a efecto en el escenario comunitario, vinculadas a los programas de apoyo social que se implementan.
- La implementación de procesos grupales de apoyo mutuo, la socialización y la reconstrucción de proyectos de vida familiares o colectivos complementan la intervención psicológica individual.
- Debe trabajarse en la identificación de vulnerabilidades y riesgos.
- Unos de sus objetivos básicos son la detección y la asistencia a los sintomáticos o enfermos, y su oportuna referencia si fuere necesario.
Estrategias Para la Intervención Psicológica
Individual y Cómo Establecer una Relación de Ayuda
El duelo
El
manejo del duelo tiene una especial importancia en situaciones de desastres y
emergencias, en las cuales frecuentemente se experimentan grandes pérdidas.
Toda persona que sufre algún tipo de pérdida tiene un proceso natural de
cambios emocionales, llamado proceso de duelo, que usualmente termina con la
recuperación del equilibrio psíquico. Aparte de las pérdidas por sí mismas
(familiares, amigos, objetos, propiedades, costumbres, etc.), el duelo en los
desastres abarca también las consecuencias de las pérdidas como soledad, desamparo, necesidad de adoptar nuevas formas
de vida y de cambiar responsabilidades.
Algunas
manifestaciones del duelo son:
- Tristeza
- Ansiedad (“nervios”)
- En algunos casos, puede existir negación ante la magnitud de la pérdida; la víctima no acepta la situación, como si no hubiera ocurrido.
- Agresividad o ira al advertir las consecuencias de las pérdidas; generalmente, se traduce en culpar o maltratar a otros sin justificación.
- Sensación de desprotección, con miedo al futuro y a que la situación se repita, lo cual igualmente se va aliviando.
Con el
tiempo, que de una manera aproximada se ha fijado en 3 a 12 meses, la persona
acepta la realidad y se dispone a continuar la vida, se van atenuando los
síntomas hasta lograr un equilibrio emocional y se establecen alternativas
adaptativas de solución a su condición.
Se puede pensar en un duelo patológico cuando:
- Los síntomas perduran excesivamente (más de 12 semanas);
- Tienen tendencia a empeorar o provocan exagerado sufrimiento de manera permanente, o existe riesgo de complicaciones, como suicidio o consumo exagerado de alcohol.
El
duelo patológico debe ser tratado como con un trastorno depresivo.
Referencias:
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